domingo, 21 de octubre de 2007

Comenzando en algún lugar


Creo que rayaría en lo pretencioso sino en absurdo decir que uno nunca ha llegado a ser presa de los altibajos propios de una economía de un país tercer mundista y razón por la cual te da bastante tiempo y espacio, en especial tiempo, como si sobrara tanto en esta vida, para la reflexión de la vida adulta, y no me refiero aquella que comienza a los 18 años y tal vez en menor medida a la de los 21 que biológicamente nos comentan los sociólogo-naturistas, que olvidan que hace 150 años a los 15 uno ya era hombre de mundo, pero en fin que perderme en un mar de ideas es mi especialidad y mira que me en realidad me estoy conteniendo, y es que creo que de seguir cometería un crimen tan infame como el matar tiempo. Lo interesante, creo yo, resulta ver siempre una simple comparación de actitud de grupos generacionales y los resultados resultan abrumadores al comparar al adulto; creo que una simple radiografía nos dará un panorama más que contundente:

Presa de la rutina diaria, o tal vez víctima de la circunstancias, ¿será posible olvidar el sueño utópico de alcanzar un reto que pareciera imposible para las masas? ¿o es que acaso nos hemos logrado conformar con el letargo de comodidades que logramos conquistar en nuestra zona de confort, sin arriesgar más allá de lo razonablemente debido, en aras de algo que resultara arriesgado o incluso socialmente descabellado?, una de las máximas de Aldous Huxley sostiene que cada cambio es una amenaza a la estabilidad, y entonces ya imaginas que luchar con bellacos de la talla de Goliat no es cuestión de sensatez, sino la ausencia de esta. Pareciera entonces que la batalla por lo trascendental se llevara acabo en un plano completamente ajeno a nosotros y fuera resultado de un verdadero cúmulo de eventos fortuitos.

Pero tal vez sin darnos cuenta, estamos ante un apetito desbordado de grandeza pervertida, y más presta que perezosa, la respuesta cae por si misma: para el catador de la vida que lo exquisito no es lo refinado sino lo mejor saboreado, se percata de la ausencia de un ingrediente fatal en nuestro menjurje, algo que podría sonar en extremo trillado y no menos utilizado como fuente de todo conocimiento sofista: el amor a la búsqueda personal de aquellos que conocemos como éxito, el verdaderamente importante, e intrínseco motivo de cada uno, que no es universal, pero a la vez se comparte: El Carpe Diem de tu corazón, de tu existencia.


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