martes, 23 de octubre de 2007

La inmaculada redentora

Una de los hechos que más me provoca situaciones viceralmente encontradas y que por ende resulta en extremo fácil hablar de ello, es de la política por que si bien es el inicio de toda perversión asentida por los actores de la puesta en escena (recordaran la máxima de Hank Rhon para el ideario de todo wannabe a expensas del erario público: “todo político pobre es un pobre político”), también es el espacio utópico de bienestar social que muchos quisiéramos imaginar sin los extremos del ogro filantrópico de Octavio Paz; es pues un verdadero carrusel con sus vaivenes donde en un segundo nos encontramos con acciones que ennoblecen y exaltan en la parte más íntima de nuestra naturaleza y que en un abrupto cerrar de ojos vemos la inmundicia de las formas y maneras a los que llegamos los,,,, en este punto me reservo el gentilicio más apropiado, ya que la estupidez es vasta, pero desafortunadamente generalizar contraviene en el beneficio de la duda que nos mantiene lucidos y la tentación de llegar a caer en el país de cínicos que vaticinó Lopez Portillo I & II es por demás poderosa.


Es por demás alarmante que en nuestra sociedad de alternancia democrática seamos testigos de la más encarnizada lucha por el poder con, para, desde y por el poder (en su amplia connotación económica y social) donde las ideologías partidistas (que conforman la base de una lucha social legitima), se vean muchas veces matizadas para ampliar el espectro de “electores potenciales” de cierta corriente partidista. En primer lugar, el ciudadano es puesto en un segundo término, y las estrategias mediáticas de los políticos enfocan la línea discursiva según el target (económico); al traste las propuestas que definen a un gobierno y bienvenida sea la era de la mediocracia social, poco importa si se ha logrado algo desde el servicio público, que los medios de comunicación serán los eternos redentores. Es la sinvergüenzada que nuestra permisividad ha creado y que la autoproclamada sociedad civil pretende acotar con más tinte partidista que con crítica racional y aunque situaciones extremas irremediablemente generan posturas extremas, también es cierto que la lectura entre líneas ofende hasta la inteligencia más sensata.

La emoción por el poder es grande, y no pocos caen en sus redes, el “ser alguien” (que parece más un trauma freudiano de infancia lacerada), desde cualquiera de las esferas que pretendiéramos mencionar. Sin embargo el verdadero reto social radica en buscar la lucha de ideas pragmáticas que de posturas atrincheradas que tanto daño le han hecho al país.

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